Aprender a Pensar

Bitácora de clase

Blog de Nelson Astegher

Nelson Astegher

Instituto Icep de Enseñanza

Sobre Nelson Astegher

Instituto Icep de Enseñanza

Pedagogo. Licenciado en Matemáticas, Master en Pedagogía. Actual director del Instituto Icep de Enseñanza y de Investigaciones de Rosario, Santa Fe, Argentina. Ex director de la Sociedad Cultural Mexicana en México DF, actual Miembro de la Red Universitaria del Banco Interamericano de Ética y Desarrollo para Ibero América, miembro Facilitador Fundador de la Red Opciones Internacional de Pedagogía para Jóvenes. Es conferencista sobre la temática de sociología y ética conductual del individuo, sus artículos constan en la biblioteca virtual BID, en la OEI, y en el Ministerio de Cultura de España. Casado con cuatro hijos, dedica su tiempo a la docencia y a la familia.

 
Entradas de Nelson Astegher

¿Sabes Que es LA REALIDAD?

escrito el 10 de Mayo de 2014 por en General

 

Una vez, existía un reino en donde la abundancia, la prosperidad, y todo tipo de bonanzas se encontraban repartidas con justicia entre sus habitantes. El rey, un hombre sabio, disfrutaba cada mañana al recorrer los maravillosos jardines de su palacio. La vegetación, las flores, los frutales que allí había eran de una belleza y calidad inimaginable.

 

Al rey le encantaba meditar en su jardín, donde convivía con los animales que allí vivían. Ese día, cuando acariciaba a un hermoso caballo, en la cúspide de su reflexión, una pregunta apareció en su campo de pensamiento. El interrogante, una pregunta que aguijoneaba su curiosidad alertó su sentido de análisis.¿Que es la realidad? se preguntó, sin poder encontrar una respuesta coherente a esta pregunta.

 

¿Qué es lo real, lo que existe, y que es lo imaginario? se preguntaba, cuando acariciaba y observaba al magnífico animal.

¿Qué es realmente, esto que llamamos la realidad?,¿qué es lo que ven nuestros ojos?, ¿existe realmente o solamente es fruto de la imaginación?

La pregunta lo fastidiaba. Había buscado la respuesta en los libros de su inmensa biblioteca, donde se hablaba de la realidad en forma filosófica. Pero las respuestas no aclaraban los interrogantes que intranquilizaban su espíritu.

 

Entonces, llamó a su mayordomo y le pidió que convocara a todos los sabios del reino.

-Señores, la tarea que les encargo es que elaboren una concreta definición de la realidad, la cual será doctrina en mi reinado.

 

Los sabios, como estudiosos y amantes del saber, tras varios años de estudio, presentaron al rey un enorme libro que pretendía satisfacer la pregunta que mantenía preocupado al monarca.

 

El rey, observó el trabajo, leyó la mayor parte de los conceptos, y moviendo la cabeza con un gesto de desagrado dijo:-no señores, esto no responde a mi pregunta, quiero que me presenten el resultado de vuestro estudio en un solo párrafo.

 

Los sabios con expresión de fracaso, volvieron a su labor, sin saber exactamente qué hacer. Pasaron otros 10 años y estos expertos se presentaron ante su rey con la seguridad de que tenían la respuesta adecuada. Estaban seguros de que este trabajo respondería al pedido del monarca.

 

Tras leerlo rápidamente, el rey expresó con un rostro cubierto por el desencanto:-es todavía muy largo, la naturaleza de la realidad debe ser expresada en una sola palabra, una palabra que exprese todo lo que es esta realidad-.

 

Con gran frustración, los sabios se retiraron a deliberar, y otra vez fueron pasando los años, muchos de ellos que eran de gran edad, ya no estaban. Los pocos estudiosos que restaban en el palacio, se presentaron ante el rey con manos temblorosas y le entregaron al soberano el resultado de sus estudios.

 

En este trabajo, estaba escrita una sola palabra. El rey la leyó, y su rostro se iluminó en una expresión de alegría.

 

Los cortesanos, preguntaron con tremenda curiosidad, ¿Cuál es majestad? ¿Cuál es?

 

El rey, mostró el manuscrito a todos los presentes y dijo:-la palabra que expresa con total claridad lo que llamamos realidad, es la palabra QUIZÁS.

 

QUIZÁS

Entonces: nos engañan tanto nuestros sentidos para qué lo que percibimos como realidad sea definido por la palabra quizás.

Entonces lo que perciben nuestros sentidos, ¿no es verdadero?, ¿que no pueda definirse como realidad?

Todas las personas que presencian un mismo hecho: ¿coinciden exactamente en qué ven todas las mismas cosas?

Fíjate en la apreciación de la realidad de Herman Hesse: No hay otra realidad que la que tenemos dentro de nosotros.

Seguramente lo que tenemos muy claro es que para percibir esta realidad requerimos de instrumentos tales como el cerebro y los condicionamientos que transforman o deforman nuestra realidad.

Entonces,¿a qué llamamos realidad?, lo que está afuera de los otros, a la interpretación de nuestro interior, a lo que cambia, a lo que no cambia.

¿Sabemos de algo que no cambie?, y si algo cambia, es eso que cambia o cambia nuestro interior.

¿Existe algo realmente impersonal para la percepción de los seres humanos?

¿Quién está lo suficientemente libre de memorias repetitivas que nos influencian, para apreciar lo real sin una mente condicionada?.

Se dice que el proceso de iluminación al que se sometió Buda, fue realmente un ejercicio para desacondicionar su realidad, de los pensamientos repetitivos yacentes en su memoria. Debe haber sido un camino arduo, pero esto le permitió observar la realidad y ver las cosas tal cual son. El hecho de lograr la iluminación es participar de la infinitud y experiencia de la mente liberada.

Dice Wayne W. Dyer: Mis juicios me impiden ver lo bueno que hay tras las apariencias.

Recuerda que nosotros vivimos condicionados por nuestras creencias. Una creencia es un pensamiento que se repite constantemente hasta fijarse en el inconsciente, entonces es tomado como una realidad. Por esa razón vivimos condicionados por prejuicios, recuerdos, deseos, temores y muchas cosas que hemos supuesto que son verdades. Todas estas cosas limitan nuestra visión, de manera inconsciente, dándonos la falsa seguridad de que las cosas son exteriores a nosotros, y nosotros nada podemos hacer para cambiar una realidad que muchas veces nos abruma.

¿Conocemos en realidad lo que es la neutralidad?,¿podemos comunicarnos con un ser humano sin proyectarle nuestros pensamientos repetitivos?

 

Recuerda: tú, en realidad, no eres la plática que oyes dentro de tu cabeza; eres la persona que oye esa plática.

 

Es probable que la sabiduría que encierra la ecuanimidad, sea un progreso interior hacia el estado de neutralidad, que tanto necesitamos para evaluar nuestra realidad y vivirla.

 

El mundo es absolutamente perfecto, incluida nuestra insatisfacción y nuestros intentos por cambiarlo.

¿Qué precio encierra el término “Quizás” con que los sabios del relato cierran el proceso de definición de la Realidad?

Parte de la filosofía dice que el hecho de “definir” supone una forma de “limitar”.

Y de la misma forma que dentro de una bellota, no sólo hay un roble sino todo un bosque, ¿acaso en la “mente profunda” del ser humano no sólo está su conciencia del Yo sino también el Todo? ¿No es menos cierto que la “mente profunda” es el Infinito Universo?

Tú no estás en el Universo, en realidad es el Universo el que está dentro de ti. Nissargadatta.

Entonces ten en cuenta, que lo que pienses, atraerá hacia ti circunstancias e influencias, en armonía con tus pensamientos. De esta forma se materializan tus pensamientos.

Todo lo que sabes, todo lo que piensas, todo lo que aprendes, todo lo que haces, construyen la realidad que vives cada día.

¿Puedes cambiar tu realidad?, si, puedes hacerlo, simplemente cambiando tu forma de pensar. Recuerda siempre que tú no eres tu pensamiento, eres el pensador o la pensadora que tiene esos pensamientos. Tú eres el testigo, o la testigo de tu propia existencia, si no te agrada puedes cambiarla.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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La doctrina del individuo

escrito el 8 de Abril de 2013 por en General

El pueblo antiguo que deseaba tener una clara armonía en el mundo,
ordenaba primero su vida nacional,
los que deseaban ordenar su vida nacional,
regulaban primero su vida familiar,
los que deseaban regular su vida familiar,
cultivaban primero sus vidas personales,
los que deseaban cultivar sus vidas personales,
enderezaban primero sus corazones,
quienes deseaban enderezar sus corazones,
hacían primero sinceras sus voluntades,
los que deseaban hacer sinceras sus voluntades,
llegaban primero a la comprensión.
La comprensión proviene de la exploración del conocimiento de las cosas. Cuando se gana el conocimiento de las cosas se logra la comprensión.
Cuando se logra la comprensión,
la voluntad es sincera,
cuando la voluntad es sincera,
el corazón se endereza,
cuando el corazón se endereza,
se cultiva la vida personal,
cuando la vida personal se cultiva,
se regula la vida familiar,
cuando se regula la vida familiar,
la vida nacional es ordenada,
y cuando la vida nacional es ordenada,
el mundo está en paz.
TSENG TSU (Erudito Confuciano)

Texto para niños de la escuela primaria de la Dinastía Song.
La Dinastía Song (Chino: 宋朝) fue una dinastía gobernante en China entre los años 960 y 1279; que sucedió el periodo de las Cinco Dinastías y los Diez Reinos, y fue sucedida por la Dinastía Yuan.


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PARA ANALIZAR, ÉPOCA, SUBJETIVIDAD Y ATEMPORALIDAD

escrito el 7 de Abril de 2013 por en General

El siguiente fragmento del cuadro 13 de la obra teatral Galileo Galilei, de Bertolt Brecht:

Dice Galileo:

“… En mis horas libres, que son muchas, he examinado detenidamente mi propio caso y me he preguntado cómo me juzgará el mundo de la ciencia, del que yo no me considero miembro. Hasta un comerciante en lanas –además de comprar barato y vender caro- debe ocuparse de que el comercio de la lana en general no sufra tropiezos. Y el cultivo de la ciencia exige, en este sentido, me parece, un coraje excepcional. La ciencia comercia con un saber obtenido por medio de la duda. Pretende proporcionar conocimientos a todos, acerca de todas las cosas, y tiende a convertir a cada hombre en alguien que piense y dude.

Ahora bien, los príncipes, los clérigos y los grandes señores se han preocupado de mantener a la mayoría del pueblo en una nebulosa de mentiras y supersticiones destinadas a ocultar sus propias maquinaciones. La miseria de la gente es vieja como las montañas; y, desde el púlpito y la cátedra se predica también que es indestructible como las montañas. Por eso, nuestro nuevo arte de la duda cultivó a las multitudes. Nos arrancaron el telescopio de las manos y con él enfocaron a sus opresores. Y, de pronto, esos hombres egoístas y brutales que se aprovechaban ávidamente de los frutos del trabajo científico, sintieron que la fría mirada de la ciencia, detectaba y denunciaba una miseria milenaria pero artificial, que podía ser fácilmente eliminada si se los eliminaba a ellos mismos.

Nos cubrieron, entonces, de amenazas y sobornos, que resultaron irresistibles para las almas débiles. Pero, acaso, ¿podemos negarnos al pueblo y, al mismo tiempo, seguir siendo hombres de ciencia?

Los movimientos de los cuerpos celestes son, ahora, más fáciles de calcular; pero los pueblos todavía no pueden calcular los movimientos de sus señores. La lucha por medir el cielo ha sido grande, pero las madres del mundo siguen siendo derrotadas día a día en la lucha por conseguir el pan de sus hijos. Y la ciencia debe ocuparse de esas dos luchas por igual.

Una Humanidad que se debate en las tinieblas de la superstición y la mentira, y es demasiado ignorante para desarrollar sus propias fuerzas, no será capaz de dominar las fuerzas de la naturaleza que ustedes, los científicos, descubren y le revelan. ¿Con qué objetivo trabajan ustedes?

Mi opinión es que el único fin de la ciencia consiste en aliviar la miseria de la existencia humana.

Si los científicos se dejan atemorizar por los tiranos y se limitan a acumular el conocimiento por el conocimiento mismo, la ciencia se convertirá en un inválido y las nuevas máquinas sólo servirán para producir nuevas calamidades. Tal vez, con el tiempo, ustedes lleguen a descubrir todo lo que hay para descubrir; pero, ese progreso, sólo los alejará más y más de la humanidad. Y el abismo entre ella y ustedes, los científicos, puede llegar a ser tan profundo que, cuando griten de felicidad ante un nuevo descubrimiento, el eco les devolverá un alarido de espanto universal.

Yo tuve, como hombre de ciencia, un privilegio único: en mi tiempo, la astronomía llegó a los mercados. En esas circunstancias tan particulares, el hecho de que un solo hombre resistiera, pudo haber provocado grandes conmociones. Si yo no me hubiera retractado, quizás los hombres de ciencia de todo el mundo habrían llegado al solemne compromiso de utilizar sus conocimientos sólo en beneficio de la Humanidad.

En cambio, ahora, lo único que podemos esperar es una generación de enanos más o menos ingeniosos que podrán ser alquilados para cualquier fin. Por otra parte, estoy convencido de que nunca estuve en peligro. Durante algunos años fui tan fuerte como las autoridades. Pero, entregué mi saber a los poderosos para que se sirvieran de él, para que lo desperdiciaran o para que lo usaran mal, según sus intereses. Yo traicioné mi profesión… Un hombre que hace lo que yo hice no merece ser aceptado en las filas de los científicos… “


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HISTORIAS PARA SER PENSADAS

escrito el 7 de Abril de 2013 por en General

La Paz Perfecta
Había una vez un Rey que ofreció un gran premio a aquel artista que pudiera captar en una pintura la paz perfecta. Muchos artistas lo intentaron. El Rey admiró y observó todas las pinturas, pero solo hubo dos que a él realmente le gustaron y tuvo que escoger entre ellas.
La primera era un lago muy tranquilo, era un espejo perfecto donde se reflejaban unas plácidas montañas que lo rodeaban. Sobre estas se encontraba un cielo muy azul con tenues nubes blancas. Todos los que miraron esta pintura pensaron que esta reflejaba la paz perfecta.
La segunda pintura, también tenía montañas, pero estas eran escabrosas y descubiertas. Sobre ellas había un cielo furioso del cual brotaba un impetuoso aguacero con rayos truenos. Montaña abajo parecía el retumbar un espumoso torrente de agua. Todo esto no se revelaba para nada pacífico.
Pero cuando el Rey observó cuidadosamente, vio tras la cascada un delicado arbusto creciendo en una grieta de la roca. En este arbusto se encontraba un nido. Allí en el rugir de la violenta caída de agua, estaba sentado plácidamente un pajarito en medio de su nido… Paz perfecta.
El Rey escogió la segunda. Y explicó a sus súbditos el porqué: Paz no significa estar en un lugar sin ruidos, sin problemas, sin trabajo duro ni dolor. Paz significa que a pesar de todas estas cosas permanezcamos calmados dentro de nuestro corazón. Creo que este es el verdadero significado de la paz. Cuando encontramos la paz en nuestro interior, tenemos equilibrio en la vida.

Ahora reflexiona. Llegas a comprender entonces, que la paz, la alegría y la felicidad que buscas no vienen y no pueden venir a tí desde fuera de tí mismo.
Comienzas a ver dentro de tí y colocas la fuente de tu felicidad dentro tuyo, esto lo haces ordenando los pensamientos en tu interior, los pensamientos que no son ciertos y te quieren quitar tu armonía. Entonces encuentras la paz de Dios y lo experimentas aun mas, llevando tu paz y felicidad a los demás. ¿Recuerdas cuando quitaste de tu mente el pensamiento que no era cierto, lo bien que te sentiste?.
Ahora, lo único que tienes que hacer para experimentar toda la paz, toda la serenidad, toda la sabiduría, toda la comprensión, toda la alegría y toda la felicidad que se encuentra dentro de ti, es decidir dar estas cosas – ser la fuente de estas cosas para los demás.

Da vida a la vida
En un lejano paraje de sol y de paz, se hallaba un escritor de nombre Ahman que vivía junto a un pequeño poblado de pescadores. Su vida era tranquila y de todos era conocido que gozaba del respeto y la estima de las personas que lo conocían.
Ahman, amante de los silencios y de la contemplación de la naturaleza, todas las mañanas solía caminar al alba por la orilla del mar, observando el disco solar que pleno de vida y fuerza le enviaba las más bellas inspiraciones.
Sucedió que un día, aparentemente como todos, encontrándose paseando por aquella desierta playa, de pronto, divisó a una joven que, por sus movimientos, parecía estar bailando sobre la orilla. Poco a poco, conforme se fue acercando, comprobó que se trataba de una hermosa muchacha que recogía las estrellas de mar que hallaba en la arena y, las devolvía al Océano con gracia y ligereza.
“¿Por qué hace eso?” Preguntó el escritor un tanto intrigado.
“¿No se da usted cuenta?” Replicó la joven. “Con este sol de verano, si las estrellas se quedan aquí en la playa, se secarán y morirán.”
El escritor no pudiendo reprimir una sonrisa, contestó: “Joven, existen miles de kilómetros de costa y centenares de miles de estrellas de mar…
¿Qué consigue con eso? Usted sólo devuelve unas pocas al océano”
La joven tomando otra estrella en su mano y mirándola fijamente, dijo: “Tal vez, pero para ésta ya he conseguido algo…” y la lanzó al mar. Al instante le dedicó una amplia sonrisa y siguió su camino.
Aquella noche, el escritor no pudo dormir… Finalmente cuando llegó el alba, salió de su casa, buscó a la joven a lo largo de aquella playa dorada, se reunió con ella y, sin decir palabra, comenzó a recoger estrellas y devolverlas al mar.
Reflexiona por un momento. A menudo, en situaciones parecidas a la de la muchacha del cuento, lo que estamos realizando es un ritual que ayuda a nuestra mente a remediar alguna carencia. Son momentos, en los que estamos queriendo dar a una parte de nosotros, tal vez inconsciente, otra oportunidad de vivir un nuevo ciclo con todas las posibilidades que sentimos perdidos. ¿Quién no ha encarnado alguna vez el papel de ser un salvador?
Nunca si es posible, te acuestes por la noche sin dejar de decirte: “Hoy he contribuido a que un ser humano, al menos, sea un poco más sabio y viva un poco mejor”. Así sea que puedas ayudar a una sola vida en el océano de la existencia, no dudes en hacerlo, tu espíritu lo comprenderá. Ese bien que hiciste y que te pareció poco, es importante para el universo, para esa vida que has ayudado.


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Sobre el amor propio y el amor de sí mismo

escrito el 7 de Abril de 2013 por en General

No hay que confundir el amor propio con el amor de sí mismo, dos pasiones muy diferentes por su naturaleza y efectos. El amor de sí mismo es un sentimiento natural que lleva a todo animal a cuidar de su propia conservación, y que dirigido en el hombre por la razón, produce la humanidad y la virtud.
El amor propio no es más que un instrumento contingente, que lleva a cada individuo a prestar más atención a sí mismo que a todos los demás, que inspira a los hombres que se inflingen recíprocamente y que constituye la verdadera fuente de deshonor.
Extracto de los escritos de Juan Jacobo Rouseau(1712—1778).


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ASÍ TENÍA QUE SER

escrito el 7 de Abril de 2013 por en General

En el lejano Reino de Jiankang, vive Mu Qing, un anciano de frágil cuerpo y larga barba blanca. Sus modales serenos y su palabra siempre cuidadosa y amable, hacen de él un hombre respetado en toda la comarca. Las gentes afirman que Mu Qing, en su juventud, fue iniciado en los misterios de la antigua sabiduría. Y en realidad, tanto sus vecinos como su único hijo que con él vive, admiran su gran lucidez y templanza.
Aquel día, los vecinos de Jiankang se encontraban muy apenados. Durante la pasada tormenta, las dos yeguas de Mu Qing había salido de sus corrales y escapado a las montañas, dejando al pobre anciano sin los medios habituales de subsistencia. Ante tal hecho, el pueblo sentía una gran tribulación por lo que sus habitantes no dejaban de desfilar por su honorable casa: ¡”Qué desdicha”! ¡”Pobre Mu Qing”! le decían sus vecinos, ¡”Maldita tormenta cayó sobre tu casa”! ¡”Qué mala suerte ha pasado por tu vida”! ¡”Tu casa y tu hacienda está perdida…”! Mu Qing, amable, sereno y atento, tan sólo decía una y otra vez: Así tenía que ser… Al poco, el invierno comenzó a asomar sus primeros vientos trayendo un fuerte frío a la región, y ¡sorpresa! Sucedió que las yeguas de Mu Qing retornaron al calor de sus antiguos establos, pero en esta ocasión, lo hicieron preñadas y acompañadas de 40 caballos salvajes encontrados en las montañas. Con esta llegada, el ganado de Mu Qing se vio incrementado de manera inesperada. El pueblo, al enterarse de tal acontecimiento, sintió un gran regocijo por la buena suerte del anciano, de tal forma que, uno a uno, fueron desfilando por su casa, para felicitarlo por tal bonanza. ¡”Qué buena suerte tienes anciano”! ¡”Benditas sean las yeguas que escaparon y más tarde aumentaron tu manada”! ¡”La vida es generosa contigo Mu Qing…”! A lo que el sabio anciano tan sólo contestaba una y otra vez: Así tenía que ser.

Pasado un corto tiempo, los nuevos caballos fueron domesticados por el hijo de Mu Qing que, desde el amanecer hasta la puesta del sol, no dejaba de preparar a sus animales para las nuevas faenas. Podría decirse que la prosperidad y la alegría reinaban en aquella casa. Una mañana como cualquier otra, sucedió que uno de los caballos en que el joven estaba aprendiendo a montar derribó al joven hijo de Mu Qing con tan mala fortuna que sus piernas y un brazo e incluso algunas costillas, se fracturaron en la tremenda caída. Como consecuencia, el único hijo del anciano quedaba impedido durante un largo tiempo para la actividad diaria. El pueblo quedó afligido por esta triste noticia por lo que todos los vecinos fueron pasando por su casa, mientras decían al anciano: ¡”Qué desdichado debes sentirte Mu Qing”! le decían apesadumbrados. ¡”Qué mala suerte, tu único hijo”! ¡”Malditos caballos que han traído la desgracia a tu casa”! El anciano escuchaba sereno y tan sólo respondía una y otra vez: Así tenía que ser… Con el tiempo, el verano caluroso fue pasando y cuando se divisaban las primeras brisas del otoño, una fuerte tirantez política con el país vecino estalló en un conflicto armado. La guerra había sido declarada en la nación y todos los jóvenes disponibles eran reclutados en aquella negra aventura. Al poco de conocerse la noticia, se presentó en el poblado de Jiankang un grupo de militares gubernamentales con la misión de alistar para la batalla a todos los jóvenes disponibles de la comarca. Al llegar a la casa de Mu Qing y comprobar la herida de su hijo, siguieron su camino y se olvidaron del muchacho que tenía todos los síntomas de tardar en recuperarse durante una larga temporada. Los vecinos de Jiankang sintieron una gran alegría cuando supieron de la permanencia en el poblado del joven hijo de Mu Qing. Así que, de nuevo, uno a uno fueron visitando al anciano para expresar la gran suerte que de nuevo al anciano con su ala, acariciaba.

¡”Gran bendición ha llegado a tu vida Mu Qing”! le decían ¡”Bendita caída aquella que conserva la vida de tu hijo y lo mantiene a tu lado durante la inseguridad y la zozobra de la guerra”! ¡”Gran destino el tuyo que cuida de tu persona y de tu hacienda manteniendo a tu hijo en casa”! ¡”La buena suerte bendice tu casa”!. El anciano mirando con una luz traviesa en sus ojos tan sólo contestaba: -Así tenía que ser…

¿Existe algún hecho “casual” en la vida? Si para la Ciencia, los hechos han dejado de ser aislados y casuales porque todo el Universo prepara lo suyo con inteligencia, ¿tenemos que pensar en la casualidad? ¿no hay acaso un gran Propósito detrás de todo lo que sucede? En realidad, la casualidad es el nombre que le damos a una ley todavía desconocida. Y sin duda, tal afirmación señala que todo está en todo y es a su vez causa de todo.

El hecho de aprender a leer entre líneas lo que cada acción, por mala que parezca, trae a la vida, y a su vez poder descubrir los cambios que con eso se avecinan, supone el aprender por excelencia. Recuerda que no conseguir lo que quieres, a veces significa un maravilloso golpe de suerte.

Ahora piensa, ¿cuanto te dolió, cuando buscabas afanosamente lograr esa meta, esa meta que considerabas todo para tu vida y no la alcanzaste?. Pensaste que era el gran fracaso y ahora, tiempo después, te das cuenta de cuantas bendiciones recibiste, cuantas cosas maravillosas llegaron porque eso no se produjo, porque aquello no era bueno para ti. Esta es una gran lección con la que aprendemos y agradecemos a la vida.
En la vida no hay cosas que temer. Sólo hay cosas que comprender. Marie Curie


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Sobre la sociología de la moral americana:

escrito el 7 de Abril de 2013 por en General

En el libro “El país Corrompido: moral social de la América moderna”, Fred J. Cook dice que los ciudadanos americanos han abandonado su moral personal por una moral colectiva, institucionalizada. Han renunciado, (como ya lo dijimos), a la convicción reflexiva por el sentimentalismo comprometido y la popularidad, es decir, abandonan la responsabilidad por la obediencia.
Esto nos lleva a considerar el estudio de William Whyte, (The Organization man), donde podemos ver que la primitiva moral “protestante”, está siendo reemplazada por una moral social. A partir del proceso de cambio que se extiende por todo el continente, el hombre de pueblo abandona los ideales que fundaron los creadores de cada nacio¬nalidad.
La moral protestante da énfasis a la laboriosa, dura tarea de obtener la autosuficiencia y anuncia el individualismo. Enseña que cada persona es responsable por sus propias acciones, y que si es diligente, dedicada, honesta, laboriosa e independiente, logrará las cosas que valora. Establece el mérito como suprema y única calificación esencial para obtener el triunfo.
La moral social, en cambio, da énfasis a la unión y camaradería. En vez de originalidad, propone conformidad. En lugar de favorecer la responsabilidad individual alien¬ta las actividades de grupos; la curiosidad es reemplazada por la complacencia, es su más grande valor la seguridad antes que la libertad. El individuo a pesar de sí mis¬mo es un huésped de la opinión prevaleciente.
Las personas en la América actual prefieren la moral social antes que la protestante, la mayoría de los ciudadanos buscan pertenecer a grupos y partidos políticos, se prefieren las compras a crédito antes que el ahorro sistemático, y los préstamos financieros aún pagando intereses excesivos. Prefieren que otros regulen y administren su dinero, y la búsqueda de liderismo en las organizaciones indica que mucha gente prefiere que las decisiones en la administración de sus vidas sean tomadas por otros.
En la educación superior, las personas están asistiendo como nunca a colegios y universidades, pero en vez de estudiar las ciencias más difíciles o preferir el estudio de las humanidades, los individuos se vuelcan hacia estudios que tienen que ver con los negocios, el desarrollo personal, o con los grupos dinámicos y de habilidades que pueden comunicarse.
Desean aprender a manipular a las personas antes que las cosas o ideas. Es decir, están más interesados en la técnica que en el conocimiento.
Nosotros hemos visto que dos norteamericanos de distinta denominación religiosa, se entienden mejor que dos personas de la misma denominación pero de nacionalidades diferentes. La moral social hace prevalecer la nacionalidad sobre la espiritualidad del individuo.
¿Que ocurre con los empleos?.Hoy son regla de casi todas las compañías además del pago de salarios, la protección médica, planes de retiro, v muchos buenos beneficios con el objeto de quitar toda preocupación de la vida de sus empleados. Las grandes empresas trasladan a sus ejecutivos de una nación a otra, facilitándoles, casa, auto y todo tipo de comodidades. Están incluidas las actividades recreativas para la Familia.
Las empresas explican que esto mantiene la fidelidad de los empleados y estable¬ce buenas relaciones de grupo, pero para emplear a las personas las empresas basan su valuación en un test personal que indica la capacidad de integración del individuo, puesto que el lema verdadero es que:”El hombre bien adaptado no tiene ideas propias, sino que transmite las de los demás”. Bajo esta consigna las empresas buscan sus empleados y ejecutivos.
Pero, ¿qué ocurre con las iglesias en Iberoamérica?, ¿Qué pesa con la espirituali¬dad del ciudadano?.
La religión misma esta siendo ganada por la moral social, a la gente ya no le interesa discutir teología, o los principios de creencia porque las discusiones condu¬cen a desacuerdos y desarmonizan la organización. En muchas iglesias están de moda psicólogos o psiquiatras para ayudar a resolver problemas emocionales. Fiestas, canciones y amistad para evadir las preocupaciones del mundo y así el individuo es quita¬do de su contacto con la realidad perdiendo capacidad de decisión. La preocupación por el espíritu del hombre, discusiones en cuanto al pecado, ayuda al necesitado, el mal, la inmortalidad, aún la importancia de la iglesia para regular el comportamiento mo¬ral de la sociedad, está desapareciendo rápidamente, las iglesias no opinan sobre los excesos de los gobiernos, porque prefieren armonizar antes que enfrentar.
Las iglesias y los partidos políticos han llegado a ser ventajosos para el mejoramiento de las relaciones humanas, engrandecen y magnifican la amistad y empequeñecen el pensamiento. El pensador es alguien que es considerado como disidente en potencia desde todos los púlpitos.
¿Por qué se está dejando de lado el idealismo que impulsó los fundamentos de la sociedad, de la América, con los mas grandes ideales de libertad?.
Whyte sugiere que en los intereses, en las ganancias comerciales, en las ansias de grandes posesiones se ha centralizado la fuerza del ciudadano, no dejando lugar para otras ambiciones. El mundo esta cambiando rápidamente y la gente al no poder hallar seguridad en su entorno inmediato la encuentra en la complete aceptación de las organizaciones a las que pertenece.
En el libro “1984”, George Orwell sostiene que la marcha del hombre hacia el poder total es tan fuerte, que con el tiempo unos pocos dirigirán a las multitudes y usaran todos los medios científicos y todo medio masivo de difusión para mantener ese control. El hombre organizado es una etapa hacia el completo control de acciones y pensamientos. Esto es una buena advertencia puesto que el peligro existe en los medios masivos de comunicación.
Entonces para lograr la solución de este problema debemos recurrir a la educación.
La Educación actual está en crisis pues aunque los adultos tenemos la responsabilidad de introducir al niño en su mundo, al ser abolida la responsabilidad, y, teniendo en cuenta que educar es transmitir un saber, mostrar el mundo, al rechazar los adultos un mundo que no les gusta ni lo quieren tal cual es y está, lleva impreso una educación sin mostrar, sin enseñar y si es posible enseñar sin educar, es imposible educar sin enseñar.
La educación ha de ser autoritaria, pero ese autoritarismo no significa imponer las propias ideas sin atender a razones, sino tener autoridad. Es decir, hacer valer la superioridad que el adulto tiene sobre el niño. Arribando al hecho de enseñar a pensar, meditar, y ser pensadores soberanos.


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ACTIVIDADES DIDÁCTICAS DEL DOCENTE

escrito el 3 de Abril de 2013 por en General

Dinamica_Grupal

Exploración    

La exploración es el proceso que sirve para determinar por adelantado la posición en que se encuentra cada miembro de la clase en relación con los objetivos de la lección. Hay dos modos en que el profesor prevalora: (1) Conociendo bastante bien a los alumnos, para tener una idea exacta de sus conocimientos y experiencias relacionados con la lección, antes de las clases (la evaluación al final de una lección, sirve a menudo como una ayuda efectiva para prevalorar la siguiente lección), y (2) de­terminando antes o durante el período de la clase, el co­nocimiento que los alumnos tienen del contenido de la lección y su habilidad para alcanzar los objetivos. Esto se puede hacer de varias maneras; algunos ejemplos son:

Pruebas escritas, contestación a preguntas orales, rapidez y calidad de las respuestas durante las discusiones. Los profesores que hacen una exploración de los miembros de su clase y enseñan de acuerdo con la capacidad de éstos, evitarán probablemente el riesgo de aburrirlos con material que ya conocen, o de frustrarlos con material demasiado avan­zado, material para el cual no están preparados.

 

Actividades Didácticas

Una actividad didáctica es aquella en que el alumno toma parte para ayudarle a alcanzar el objetivo de una lección. Nótese que aquí se hace hincapié en aquellas cosas que el alumno hace. Los profesores hacen muchas cosas en el curso de una lección (dictan clases, leen, hacen preguntas, escriben en el pizarrón, etc.), sin embargo, las experiencias didácticas, son aquellas que hacen los alumnos, tales como poner atención a lo que dicta el profesor, pensar las res­puestas, observar y hacer comentarios en cuanto a los puntos que se encuentran anotados en el pizarrón.

 

Evaluación

La evaluación es el proceso de comparar la conducta de un alumno o de una clase, con un determinado objetivo de la lección. Con frecuencia la evaluación comienza al final de los comentarios, discusión o resumen de la lección; aunque también, se puede efectuar en cualquier aplicación o asignación durante la misma. A medida que el profesor profundice más acerca de los objetivos, recomenzará a captar mejor la evaluación.

 


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TIPS PARA PENSAR

escrito el 3 de Abril de 2013 por en General

 Si es que queremos desarrollar un pensamiento penetrante, la mayor dificultad será arraigar en nosotros la disposición a pensar más. A pensar allí donde la mayoría no piensa, y a seguir pensando, cuando todos dejan de pensar.

 No desarrollamos nuestra capacidad de pensar, entre otras razones, porque estamos en la creencia de que no es posible. Nos transmiten la idea, según la cual, un pensamiento poderoso, es una simple consecuencia del don de la inteligencia, así las cosas, quién es “inteligente” piensa bien; mientras que el menos favorecido no tiene mas remedio que pensar a la altura de su humilde mentalidad. Concepción totalmente equivocada, todos podemos aprender a pensar.

 Otra creencia que se opone al desarrollo de la capacidad de pensar y empobrece su ejercicio, es aquella según la cual, una cualidad del pensamiento imponderable es la rapidez. El que piensa bien, piensa rápido. Incluso le llaman “rápido” a quién se quiere rotular como “inteligente”. Según este modelo, pensar podría describirse como un juego en el que se plantean preguntas al pensador, y este, si es bueno, contestará muy rápido, como una flecha que da en el blanco sin dudar.Es fácil ver en esta creencia, una tentadora invitación a no pensar, a acomodarnos quietos en las seguridades que nos ofrece; pueden dejar en nosotros actitudes muy contrarias al ejercicio de un pensamiento grande.

 En todos nosotros es fuerte la inclinación a aceptar como verdadera o falsa una idea, sin pensar. Aceptamos o rechazamos las ideas, sin analizarlas demasiado. Es una actitud del corazón humano conformarse ciegamente con lo establecido. Descartes, ya en el 1600, denunció la peligrosa vigencia de esta disposición y su gravedad para el ejercicio del pensamiento. De lo cual derivó la advertencia: dude antes de aceptar como cierta una idea La duda ordenada, no es otra cosa que una invitación a pensar mas

 En toda cultura tienen vigencia reglas características para hacer casi todas las cosas; también para pensar. El hombre occidental moderno, al generar la acción que llamamos pensar, juega un determinado “juego”, cuyas reglas dirigen su actividad. Para él, pensar, es una acción bien distinta a lo que fue para un Persa del siglo VII antes de Cristo.

 Pesar supone la capacidad de buscar respuestas trascendiendo los esquemas de pensamiento dominantes.


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LOS PRISIONEROS DE LA CAVERNA

escrito el 2 de Abril de 2013 por en General

Es un espacio cavernoso, en el cual se encuentran un grupo de hombres, prisioneros desde su nacimiento por cadenas que les sujetan el cuello y las piernas de forma que únicamente pueden mirar hacia la pared del fondo de la caverna sin poder nunca girar la cabeza. Justo detrás de ellos, se encuentra una pared con un pasillo y, seguidamente cerca de los hombres, una hoguera y la entrada de la cueva que da al exterior. Por el pasillo circulan hombres portando todo tipo de objetos cuyas sombras, gracias a la iluminación de la hoguera, se proyectan en la pared que los prisioneros pueden ver.
Estos hombres encadenados consideran como verdaderas las sombras de los objetos. Debido a que están atados y no pueden darse vuelta de su prisión se hallan condenados a ver únicamente por ciertas todas y cada una de las sombras proyectadas ya que no pueden ver nada de lo que ocurre a sus espaldas.
Ahora, uno de estos hombres es liberado y obligado a volverse hacia la luz de la hoguera, contemplará, de este modo, una nueva realidad. Una realidad más profunda y completa ya que ésta es la que crea a la primera, que está compuesta sólo de apariencias sensibles, de sombras. Una vez que ha visto y entendido el hombre esta nueva situación, es obligado nuevamente a caminar hacia fuera de la caverna a través de una áspera y escarpada subida, viendo una nueva realidad exterior (hombres, árboles, lagos, astros, etc. identificados con el mundo que conocemos) fundamento de las anteriores realidades, para que a continuación vuelva a ser obligado a ver directamente “el Sol y lo que este ilumina”. Al entrar, de nuevo, el prisionero al interior de la caverna para liberar a sus antiguos compañeros encadenados, hará que éstos se rían de él. El motivo de la burla será afirmar que sus ojos se han lastimado al verse ahora cegados por el paso de la claridad del Sol a la oscuridad de la cueva. Cuando este prisionero intenta desatar y hacer subir a sus antiguos compañeros hacia la luz, éstos son capaces de matarlo y efectivamente lo harán cuando tengan la oportunidad, ya que para ellos no hay otra realidad y no puede haberla porque negarían lo que ellos siempre supusieron, creen a pie juntilla que las sombras son la realidad. La alegoría de la caverna muestra al hombre que despierta a comprender la realidad, dándose cuenta que su realidad estaba elaborada por otros. Le mostraban un escenario que el jamás había cuestionado hasta llegar al despertar. Fíjate que tú y yo, no importa de que nos ocupemos ni de nuestra posición social, somos naturalmente filósofos, es decir podemos pensar y analizar todo lo que vemos y llega a nosotros, pero desde siempre nos impusieron lo que otros pensaron por nosotros, nos dijeron como debíamos pensar y tu forma de pensar y la mía se constituyó por ideas y valoraciones ajenas. No nos preocupamos nunca por saber de donde vienen ni que significan, nos acostumbramos a escuchar propuestas e ideas de otros y a aceptarlas sin pensar. Y esto sigue para muchos a menos que despierten y comiencen a analizar las cosas por sí mismos. Es nuestra tarea aprender a pensar que es, cada cosa que llega a nosotros y a no aceptarla ciegamente, sin analizar, para no caer en situaciones que nos desagradan y son de derrota.
Cabe agregar que las llamadas de la red son un trabajo de Diana Campo y de Carlos Devis, directores de la Red Internacional Opciones, para crear un pensamiento independiente, para ver la verdadera realidad. Si ves la película “La Matrix”, tendrás un claro ejemplo de la historia de la caverna. En verdad, invalorable.


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El Prisma Moral

escrito el 2 de Abril de 2013 por en General

Adaptado por Nelson Astegher de: Marvin W. Berkowitz, Ph.D: The Moral Prism.
Los seres humanos vemos el mundo de forma diferente unos de otros. Por ejemplo, los niños piensan que las nubes caminan detrás de ellos, y que los sueños están físicamente presentes en sus dormitorios durante la noche. Los adolescentes piensan que todo el mundo los juzga y los analiza. Los niños en primaria creen que el pensamiento es omnipotente, y que “resolver algo” es equivalente a hallar la verdad. Y un largo etcétera.
¿Estamos conscientes de que los niños, jóvenes y adultos también ven el mundo moral de forma diferente? Por ejemplo, los niños en los primeros grados de primaria piensan que cualquier diferencia es injusta, y prefieren botar a la basura un dulce extra antes que permitir una distribución desigual. Los adolescentes consideran que es inmoral revelar la falta cometida por un compañero, aunque se trate de una falta grave. “Tapar” la falta del compañero se considera lealtad. Muchos niños consideran moralmente correcto obtener lo que quieren… podemos preguntarnos, ¿porqué existen estas diferencias y porqué son importantes para la educación moral?
Lo que ocurre es que cada persona piensa sobre los valores desde su propio nivel de desarrollo moral. Conforme las personas crecen, van desarrollando nuevas y más adecuadas formas de resolver los asuntos morales. Los niños están (cognitiva y afectivamente) menos desarrollados que los adolescentes, y éstos menos desarrollados que los adultos. Cuando una persona (niño, adolescente o adulto) se enfrenta a un problema moral, él o ella lo interpreta, y esta interpretación se debe en parte a su particular historia personal (su cultura, su religión, su experiencia educativa, su familia, etc.), y en parte a su nivel de desarrollo moral. La interpretación que la persona hace es crítica para lo que juzgará como correcto o incorrecto, como algo de valor, o algo que vale poco. Esta es una razón por la cual los adultos usualmente encuentran que muchos niños y adolescentes “no entienden” los problemas cuando ellos tratan de explicárselos. En realidad los niños y adolescentes entienden los problemas, pero los entienden de forma diferente a como lo hacen los adultos.
La segunda forma en que las personas pueden diferir es en lo que se conoce como dominio de categorización. Con mucha frecuencia hablamos de valores y de lo que constituye un buen carácter y un comportamiento ético, pero usualmente olvidamos que hay diferentes categorías o dominios de valores. Por ejemplo, mi valor de búsqueda de justicia es diferente de mi valor por la modestia en el vestir, que es diferente del valor que le doy a los helados de chocolate por sobre los de vainilla. Todos son valores, pero la justicia es un valor moral, el vestido es un valor socio-convencional, y la preferencia en el sabor es un valor personal. Hay diferentes criterios en los distintos tipos de valores; lo que es más interesante es que, aun cuando hay gran acuerdo sobre a qué dominio pertenecen los valores, muchos asuntos relativos a los valores no son claros, y las personas pueden diferir en cómo categorizarlos. Un buen ejemplo es el caso del uso de alcohol, tabaco o drogas ilícitas. Los adolescentes suelen no ver la relevancia moral de esas sustancias, pues para ellos el uso de drogas es un asunto de preferencia personal, tal como preferir un helado de chocolate.
De este modo, hemos visto cómo las personas pueden diferir entre ellas por mirar a través de un diferente prisma moral. Los seres humanos pueden estar en un nivel de desarrollo diferente, o pueden categorizar sus valores de distinta forma. Es importante señalar que estas diferencias no sólo se dan entre los niños y los adultos, sino también al interior de los dos grupos.


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Los Cambios Culturales en la Educación

escrito el 2 de Abril de 2013 por en General

Hace tiempo y a lo lejos la escuela tradicional atesoraba en los libros sus verdades esenciales y el alumno obtenía de memoria conocimientos rigurosos o verdades categóricas. Se transmitía una erudición estática. Lo que se enseñaba permanecía vigente a través de los años.
No se producían los asombrosos cambios que agitan nuestro tiempo: las ciencias rasgan sus vestiduras habituales y entretejen sus campos. La geometría clásica ha sido escoltada por otros razonamientos metafísicos y relativistas, algo semejante ha ocurrido con la lógica, las verdades científicas son superadas por otras nuevas. Desde Heisenberg1, se ha visto tambalear la estructura de la ciencia estatal, y la geometría tetradimensional ha abierto el pensamiento a dimensiones inimaginables. Lo que hoy tenemos que transmitir se muestra en continuo cambio y debe ser transmitido en movimiento. Vivimos una cultura dinámica cuya característica es el gran movimiento de sus verdades. La estática tenía verdades definidas y definitivas. La condición evolutiva en una cultura dinámica, es la de seguir revelando siempre, aún a costa de desautorizar el saber descubierto recientemente.
Estas manifestaciones de la erudición y el saber solían ser consideradas como invariables e irreversibles. Tanto así era que aun los contenidos relativamente cambiantes eran enseñados de manera rigurosa. Esta Cultura podríamos decir que tenía sentido hasta algunos años cercanos al final del milenio pasado. En nuestros días, diez años equivalen a un siglo de otros tiempos. De poco podría servir el memorizar una gran cantidad de datos que cambian a diario y que pueden obtenerse presionando un botón.
Si el hombre es pensado como poseedor de un patrón de conducta, como ente inteligente, y no como enciclopedia, es mucho más importante que posea la capacidad o habilidad para descubrir lo que ignora. Que pueda analizar coherentemente la realidad, su propio entorno, que manipule los principios y no los datos versátiles, que sea apto para crearse un cuadro o esquema capaz de analizar cualquier realidad que examine, y no sólo transmitir lo que otros exponen. Debe enfrentar ineludiblemente su constante actualización. (Dewey2 distinguió entre educación como reproducción y como nutrición). Sobre nutrición debemos colocar el acento.
En épocas de cultura más estática y con insuficiencia de libros estos tenían un valor casi sacro. El catedrático era generalmente profesor-lector de un libro.
¿Cómo podría hoy aprenderse de memoria información que evoluciona en menos tiempo de lo que dura un ciclo de estudios?
Hoy importa más la capacidad para seguir aprendiendo y para actualizar lo aprendido (y hasta para olvidar lo innecesariamente endurecido en la memoria, para “desaprender” lo aprehendido). Debemos tener muy en cuenta la metafísica del conocimiento: la educación verdaderamente ventajosa proporciona comprensión de unos pocos principios generales que se apoyan, de manera firme, en su aplicación a una gran variedad de datos precisos. En la práctica se olvidarán los detalles particulares pero se recordarán, por un sentido común inconsciente, cómo aplicar los principios a las circunstancias inmediatas.
La función de la Universidad es capacitar al alumno para liberarse de los detalles en beneficio de los principios, las causas primeras. Cuando hablo de principios, no me refiero siquiera a enunciaciones verbales. Un principio que hemos asimilado es más un hábito mental que una enunciación formal. Se convierte en la manera en que reacciona la mente al estímulo apropiado en forma de circunstancias ilustrativas. Nadie da rodeos si tiene presentes sus conocimientos de forma clara y consciente. A menudo se habla del aprendizaje como si estuviéramos vigilando las páginas abiertas de todos los libros que hemos leído, y entonces, cuando se presenta la ocasión, elegimos la página conveniente para leer en voz alta al firmamento.
Padecemos todavía una parálisis del pensamiento inducida en los alumnos por la acumulación, sin objeto, de conocimientos precisos, indiferentes e inservibles.
El primordial propósito de un profesor universitario debe ser mostrarse en su auténtico carácter, esto es, como un hombre ignorante que piensa, que utiliza activamente esa pequeña porción de conocimientos. En cierto sentido, el conocimiento disminuye a medida que aumenta la sabiduría, puesto que los detalles son absorbidos por los principios. Los detalles del conocimiento que sean importantes, se aprenderán de forma definitiva en cada circunstancia de la vida, pero el hábito de la utilización activa de principios bien comprendidos es la posesión final de la sabiduría.
Deben quedar muy claras las diferencias entre una educación para la memoria y los datos, y una educación que es actividad inteligente y búsqueda de destrezas para seguir aprendiendo y para disponer eficazmente de la información, o concebir la nueva verdad si es necesario.
Usualmente relacionamos estudios y aprendizaje, con la niñez. (Esto ya lo ha observado Mannheim3). Porque el mayor era precisamente el que no tenía que ir a la escuela, el que había recibido ese cupo básico de conocimientos, esa dosis primordial y definitiva de verdades con las que ya podía quedarse tranquilo. Ser adulto era no tener que estudiar más. No se veía razón para seguir aprendiendo. Pero eso que era válido para una cultura estancada no lo es más en nuestro tiempo. De allí la creciente importancia de la educación contínua.
En el pensamiento tradicional, el fin era sólo conocido por el catedrático. El alumno no tenía idea de hacia dónde se dirigía, ni de lo que le irían a enseñar mañana ni para qué le enseñaban lo que le estaban ilustrando hoy.
El hombre, no importa cual sea su ocupación o tarea, es naturalmente un filósofo y no puede dejar de serlo aunque se lo proponga. Lo que pasa es que su filosofía, la de la generalidad de los hombres, es la que otros pensaron por él y está constituida por el repertorio más o menos amplio de ideas y valoraciones con las que cuenta y desde las cuales vive sin reparar en ellas, sin preocuparse por saber de donde le vienen ni que significan.
La nueva visión de esta educación del naciente siglo es el lograr pensadores, hombres y mujeres capaces de analizar la realidad, el entorno de lo cotidiano.
En el período escolar inicial, el estudiante ha estado mentalmente inclinado sobre su pupitre, en la universidad deberá ponerse de pié y reconocer su alrededor. Deberá abandonar los detalles y comenzar a reconocer los principios. Quizá de esta manera, podamos superar las insuficiencias de una sociedad que haciendo uso eficaz de la ciencia, se muestra impotente para comprenderla.
Necesitamos complementar la ciencia de la naturaleza física con los dogmas de la razón humana.
Los períodos más elevados de la evolución, coinciden con un ser que puede indagarse a sí mismo y vislumbrar la infinitud del espíritu, su propio yo interior.
De esta manera, la comprensión lograda por cada persona que estudie, que avance por el saber, se transmutará en principios, guiando a su poseedor hacia el preludio de la sabiduría, hacia el conocimiento de sí mismo.
Debe ser ésta desde hoy nuestra tarea.
Notas
1Werner Karl Heisenberg (1901-1976), físico y Premio Nobel alemán, que desarrolló un sistema de mecánica cuánti-ca y cuya indeterminación o principio de incertidumbre ha ejercido una profunda influencia en la física y en la filosofía del siglo XX.
2John Dewey (1859-1952), filósofo, psicólogo y educador estadounidense.
3Karl Mannheim (1893-1947), sociólogo alemán, fundador de la sociología del conocimiento.


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¿Hasta qué punto somos capaces de ser irracionales?

escrito el 2 de Abril de 2013 por en General

La experiencia de la Universidad de Yale.
El horror que la mayoría de las personas experimentaron cuando se descubrió lo que había ocurrido en la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial se acompañó a menudo de virtuosas afirmaciones en el sentido de que “una cosa así jamás habría podido ocurrir aquí”, de que nosotros no habríamos permitido semejantes atrocidades.
¿No lo habríamos permitido jamás? ¿Qué ocurrió en la Alemania nazi? ¿Somos todos capaces de ser irracionales? ¿Hasta qué punto? ¿Quién traza los límites?
Uno de los artículos más escalofriantes que he leído apareció en forma de una crítica escrita por el psiquiatra Ralph Crawshaw sobre el libro de Fred J. Cook, publicado por Macmillan con el título de: El País corrompido: la moral social de la América moderna. Escribía Crawshaw:
En esencia, Cook nos dice en El País corrompido que los ciudadanos americanos han abandonado su moral personal por una moral colectiva, institucionalizada. Han abandonado la convicción reflexiva por el sentimentalismo comprometido y la popularidad, es decir, la responsabilidad por la obediencia. Amarga medicina, ciertamente. Siempre podemos parapetarnos detrás del hecho de que no posee pruebas estadísticas de que se trata de una mera impresión personal suya, de que, en realidad, no tiene demasiada importancia en fin de cuentas. ¿O sí la tiene?
Cito literalmente un fragmento de la crítica sobre un informe de Crawshaw acerca de un proyecto de investigación ejecutado por Stanley Milgram en la Universidad de Yale, que aporta pruebas en respuesta a esa cuestión:
Las investigaciones de Stanlev Milgrarn en Yale empiezan a poner una base científica a las deducciones de Cook. Milgrarn llevó a cabo una serie de experimentos psicológicos sobre la obediencia. Tomó una muestra variada de la población masculina adulta (de veinte a cincuenta años) de Bridgeport, Connecticut, en la que había desde obreros no calificados hasta profesionales. El experimento aspiraba a determinar hasta qué punto una persona estaría dispuesta a castigar a otra en cumplimiento dc órdenes, pero fue presentado falsamente como un estudio científico realizado por la sociedad Bridgeport Research Associates sobre técnicas docentes. Los sujetos fueron seleccionados al azar, y se les pagaba cuatro dólares y medio por el tiempo que perdían.
Se ataba al «alumno» a una «silla eléctrica», después de haber permitido al sujeto (que hacía las veces de maestro) experimentar una sacudida eléctrica de 45 voltios, a título de prueba, para convencerle de la autenticidad del instrumento. Después, desde una habitación contigua, cl sujeto (maestro). Administraba una descarga eléctrica de intensidad creciente por cada respuesta incorrecta. En realidad el «alumno» no recibía la corriente, pero sus reacciones aparecían en una cinta magnetofónica en la que se habían grabado murmullos, jadeos, ruegos y aullidos en correspondencia con el sucesivo aumento de voltaje. Las respuestas habían sido preparadas previamente por el experimentador de modo que el único factor limitador que podría impedir al «maestro» administrar la descarga eléctrica máxima fuese su compasión por el dolor de un ser humano. Para el maestro (el hombre de la calle) el conflicto consistía en la opción entre la obediencia al sistema autoritario y su propia creencia en que no se debe hacer daño a otra persona.
.¿Qué porcentaje de los pretendidos maestros recorrieron todo el camino y administraron la descarga máxima? Pero, antes de que aventuren ustedes una cifra, escuchen la voz del Hombre de la Calle por el micrófono interior:
Descarga de 150 voltios: «¿Quiere usted que siga?»
(ORDEN).
Descarga de 165 voltios: «Ese tipo está chillando. Hay mucha gente aquí. A lo mejor sufre del corazón. ¿Quiere que siga?» (ORDEN).
Descarga de 180 voltios: «No puede soportarlo. ¡No voy a matar a ese hombre! ¿No le oye chillar? Está aullando. No puedo soportarlo. ¿Y si le ocurriera algo? Ya sabe a qué me refiero. Quiero decir que rehúso toda responsabilidad. (EL EXPERIMENTADOR ACEPTA LA RESPONSABILIDAD) «Conforme.»
195 voltios, 210, 225, 240, etcétera.
El sujeto (maestro) no dejaba de obedecer al experimentador. Cerca de un millar de maestros participaron. ¿Qué tanto por ciento de ellos obedecieron hasta el final? Digan una cifra antes de seguir leyendo. Un grupo de cuarenta psiquiatras que estudió el proyecto predijeron que serían la décima parte del uno por ciento. En el experimento real, el sesenta y dos por ciento obedecieron hasta el final las órdenes del que conducía el experimento. ¿Cuál fue su cálculo?
Milgram concluía: «Con monótona regularidad podía verse a unas buenas personas cediendo bajo las exigencias de la autoridad y realizando acciones malvadas y graves. Hombres que en la vida cotidiana son seres responsables y decentes se dejaban seducir por los señuelos de la autoridad, por el dominio de sus percepciones y por la aceptación acrítica de la definición de la situación dada por el experimentador, hasta el extremo de realizar acciones crueles. Para este autor, los resultados, tal como los vio y sintió en el laboratorio, resultan alarmantes. Suscitan la posibilidad de que la naturaleza humana, o, más específicamente, el tipo de carácter producido en la sociedad democrática americana, no puede confiarse en que aísle a sus ciudadanos de la brutalidad y del trato inhumano bajo la dirección de una autoridad malévola.
Las deducciones que cabe extraer del experimento son realmente escalofriantes si consideramos que los resultados sólo tienen que ver con algo irredimible que forma parte de la naturaleza humana. Sin embargo, con el análisis transaccional podemos hablar del experimento en otros términos. Podemos decir que el 62 por ciento de los sujetos no tenían un Adulto emancipado con el cual examina la autoridad del Padre de los experimentadores. Indudablemente, un presupuesto que no fue sometido a crítica fue el siguiente: “Cualquier experimento necesario para la investigación es bueno.” Tal vez ese mismo presupuesto fue el que permitió a científicos “de reputación” participar en las atrocidades de laboratorio de la Alemania nazi.
Siendo niños, la mayoría de nosotros aprendimos a “respetar debidamente” a la autoridad. Esa autoridad residía en el policía, el conductor del autobús, el pastor, el maestro, el cartero, el director de la escuela y también en los remotos personajes del gobernador, el congresista, el general y el Presidente.
La reacción de muchas personas ante la aparición de esas encarnaciones de la autoridad es automática.


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El Significado de la Vida

escrito el 2 de Abril de 2013 por en General

El significado de la vida
Quizá tú hayas pensado que nada importa en realidad, por¬que en doscientos años todos estaremos muertos. Éste es un pensamiento peculiar, pues no queda claro por qué el hecho de que todos estaremos muertos dentro de doscien¬tos años debería implicar que realmente no importa nada de lo que hacemos ahora.
La idea parece ser que estamos en una especie de com¬petencia incesante, luchando por lograr nuestros objetivos y hacer algo de nuestra vida, pero esto sólo tiene sentido si esos logros llegan a ser permanentes; mas no lo serán. Aunque escribas una gran obra literaria que se siga leyen¬do dentro de miles de años, finalmente el sistema solar se enfriará o el universo se desintegrará, con lo que se des¬vanecerá todo rastro de tus esfuerzos. De cualquier modo, no podemos esperar ni una fracción de este tipo de inmortalidad. Si lo que hacemos tiene algún sentido, debemos encontrarlo dentro de nuestra vida.
¿Por qué hay dificultad en ello? Tú puedes explicar el sentido de la mayor parte de las cosas que haces. Trabajas para ganar dinero y sostenerte, y acaso también a tu familia. Comes porque tienes hambre, duermes porque estás can¬sado, das un paseo o visitas a un amigo porque se te apetece, lees el periódico para enterarte de lo que pasa en el mundo. Si no hicieras ninguna de estas cosas, te sentirías muy mal, así que, ¿cuál es el problema?
El problema es que, si bien hay justificaciones y expli¬caciones para casi todas las cosas, grandes y pequeñas, que hacemos dentro de la vida, ninguna de estas explicaciones aclara el sentido de tu vida como un todo; conjunto del que todas estas actividades, éxitos y fracasos, luchas y decepciones son parte. Si piensas en el todo, no parece tener sentido en absoluto. Viéndolo desde fuera, no impor¬taría si nunca hubieras existido; y cuando dejes de existir, no importará que hayas existido.
Por supuesto, tu existencia le importa a otras personas (tus parientes y otros que se preocupan por ti), pero, to¬madas en conjunto, sus vidas tampoco tienen sentido, así que finalmente no importa que tú les importes. Les impor¬tas a ellos y ellos te importan a ti, y eso puede dar a tu vida un sentido de importancia, pero se están lavando la ropa mutuamente, por así decirlo. Dado que cualquier persona existe, tiene necesidades y preocupaciones que hacen que ciertas cosas y gente dentro de su vida le importen; pero el todo no importa.
Más, ¿importa que no importe? Tú podrías decir: “¿Y qué? Basta con que importe si llego a la estación antes de que salga mi tren, o si me acordé de alimentar al gato. No necesito más para vivir”. Respuesta perfecta; pero sólo fun¬ciona si realmente puedes abstenerte de poner los ojos más alto, y preguntarte qué significa todo. Pues una vez que lo hagas, se abre a la posibilidad de que tu vida te resulte irre¬levante.
El pensamiento de que estarás muerto en doscientos años es una manera de ver tu vida enmarcada en el con¬texto más amplio, de modo que el sentido de las pequeñas cosas que la componen no parece bastar, parece dejar sin respuesta una pregunta mayor. ¿Y si tu vida como un todo tuviera sentido en relación con algo más grande? ¿Después de todo no sería irrelevante?
Hay varios sentidos en que tu vida podría tener un sig¬nificado mayor. Podrías ser parte de un movimiento políti¬co o social que mejorara el mundo, para beneficio de generaciones futuras; o simplemente podrías proporcionar una buena vida a tus hijos y a los hijos de tus hijos; o podrías pensar que tu vida tiene significado en un contexto religioso, de modo que tu tiempo en la Tierra fue sólo preparación para una eternidad en contacto directo con Dios.
Sobre los tipos de sentido que dependen de relaciones con otra gente, incluso gente distante en el futuro, ya in¬diqué cuál es el problema. Si nuestra vida tiene sentido como parte de algo mayor, ¿todavía es posible preguntar cuál es el significado de ese algo? O hay una respuesta en términos de algo aún mayor, o no la hay. Si la hay, simple¬mente repetimos la pregunta. Si no, nuestra búsqueda de sentido termina con algo que no tiene sentido; pero si esa falta de sentido es aceptable para el algo mayor del que nuestra vida es parte, ¿por qué no había ya de serlo pa¬ra nuestra vida tomada como un todo? ¿Por qué no está bien que tu vida carezca de sentido? Y si no es aceptable aquí, ¿por qué habría de serlo en el contexto mayor? ¿Por qué no tenemos que seguir preguntando: “Cuál es el senti¬do de todo eso?” (La historia humana, la sucesión de las generaciones, o lo que sea).
Apelar a un significado religioso de la vida es un poco diferente. Si crees que el sentido de tu vida viene de cumplir el propósito de Dios, que te ama, y verlo en la eter¬nidad, no parece apropiado preguntar: “¿Y eso qué sentido tiene?” Suponemos que es algo que constituye su propio sentido, y no puede tener un propósito fuera de sí mismo; pero por esta misma razón suscita sus propios problemas.
La idea de Dios parece ser la idea de algo que explica todo lo demás, sin tener que ser explicado; pero es muy difícil entender cómo podría haber algo así. Si planteamos la pregunta: “¿Por qué es así el mundo?”, y recibimos una respuesta religiosa, ¿qué puede impedirnos preguntar de nuevo: “Y eso por qué es cierto”? ¿Qué tipo de respuesta detendría todos nuestros “¿Por qué?” de una vez por to¬das? Y si pueden detenerse ahí, ¿por qué no pueden dete¬nerse antes?
Parece surgir el mismo problema si se propone a Dios y sus designios como explicación suprema del valor y sig¬nificado de nuestra vida. Se supone que la idea de que nuestra vida cumple el propósito de Dios le da sentido de un modo que no requiere ni admite otro. No se supone que preguntemos “¿Cuál es el sentido de Dios?”, como tampoco “¿Cuál es la explicación de Dios?”
Pero aquí mi problema, al igual que con el papel de Dios como explicación suprema, es que no estoy seguro de comprender la idea. ¿Realmente puede haber algo que dé sentido a todo lo demás, abarcándolo, pero que en sí no puede tener ni necesitar sentido? ¿Algo cuyo sentido no puede ser cuestionado desde el exterior, porque no hay “exterior”?
Si se supone que Dios da a nuestra vida un significado que no podemos entender, no es mucho consuelo. Dios como justificación suprema, al igual que Dios como explicación suprema, puede ser una respuesta incomprensible a una pregunta de la que no podemos librarnos. Por otra parte, acaso ésa sea la lección. Tal vez la creencia en Dios sea la creencia de que el universo es inteligible, pero no para nosotros.
Dejando de lado ese aspecto, regresemos a las dimen¬siones menores de la vida humana. Aunque la vida como un todo carezca de sentido, quizá no sea motivo para preocuparse. Tal vez podamos reconocerlo y continuar como antes. El secreto es mantener tus ojos en lo que tienes delante y dejar que las justificaciones terminen dentro de tu vida y la de la gente con la que te relacionas. Si alguna vez te preguntas “¿Cuál es el sentido de estar vivo (de lle¬var en particular la vida de estudiante, cantinero o cualquiera que sea tu ocupación)?”, contestarás: “Ninguno. No importaría si yo no existiera, ni si nada me importara; pero algunas cosas me importan. Eso es todo”.
Cierta gente halla muy satisfactoria esta actitud. A otros les deprime, aunque les es inevitable. Parte del problema es que algunos tenemos la tendencia incurable de tomarnos en serio a nosotros mismos. Queremos importarnos a nosotros mismos “desde fuera”. Si nuestras vidas como un todo parecen sin sentido, entonces una parte de nosotros está insatisfecha: la parte que siempre mira sobre nuestro hombro lo que hacemos. Muchos esfuerzos humanos, par¬ticularmente aquellos al servicio de ambiciones serias, más allá de la simple comodidad y supervivencia, obtienen su energía de un sentido de importancia, un sentido de que lo que haces no es importante sólo para ti, sino importante en un grado mayor: importante, punto. Si pasamos esto por alto, nuestras embarcaciones se verían amenazadas por falta de viento. Si la vida no es real, si no es importante, si el sepulcro es su fin, quizá es ridículo tomarnos tan en se¬rio a nosotros mismos. Por otra parte, si no podemos ayu¬darnos a tomarnos en serio, quizá debamos conformarnos con ser simplemente ridículos. Quizá la vida sea no sólo intrascendente, sino irrazonable. ¿O acaso no lo es y está regida por una inteligencia infinitamente superior a la del hombre, una inteligencia mucho más elevada sobre todo lo que existe y que intentamos comprender? La respuesta, lector o lectora debe provenir de ti.


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