Aprender a Pensar

Bitácora de clase

Nelson Astegher

Instituto Icep de Enseñanza

HISTORIAS PARA SER PENSADAS

La Paz Perfecta
Había una vez un Rey que ofreció un gran premio a aquel artista que pudiera captar en una pintura la paz perfecta. Muchos artistas lo intentaron. El Rey admiró y observó todas las pinturas, pero solo hubo dos que a él realmente le gustaron y tuvo que escoger entre ellas.
La primera era un lago muy tranquilo, era un espejo perfecto donde se reflejaban unas plácidas montañas que lo rodeaban. Sobre estas se encontraba un cielo muy azul con tenues nubes blancas. Todos los que miraron esta pintura pensaron que esta reflejaba la paz perfecta.
La segunda pintura, también tenía montañas, pero estas eran escabrosas y descubiertas. Sobre ellas había un cielo furioso del cual brotaba un impetuoso aguacero con rayos truenos. Montaña abajo parecía el retumbar un espumoso torrente de agua. Todo esto no se revelaba para nada pacífico.
Pero cuando el Rey observó cuidadosamente, vio tras la cascada un delicado arbusto creciendo en una grieta de la roca. En este arbusto se encontraba un nido. Allí en el rugir de la violenta caída de agua, estaba sentado plácidamente un pajarito en medio de su nido… Paz perfecta.
El Rey escogió la segunda. Y explicó a sus súbditos el porqué: Paz no significa estar en un lugar sin ruidos, sin problemas, sin trabajo duro ni dolor. Paz significa que a pesar de todas estas cosas permanezcamos calmados dentro de nuestro corazón. Creo que este es el verdadero significado de la paz. Cuando encontramos la paz en nuestro interior, tenemos equilibrio en la vida.

Ahora reflexiona. Llegas a comprender entonces, que la paz, la alegría y la felicidad que buscas no vienen y no pueden venir a tí desde fuera de tí mismo.
Comienzas a ver dentro de tí y colocas la fuente de tu felicidad dentro tuyo, esto lo haces ordenando los pensamientos en tu interior, los pensamientos que no son ciertos y te quieren quitar tu armonía. Entonces encuentras la paz de Dios y lo experimentas aun mas, llevando tu paz y felicidad a los demás. ¿Recuerdas cuando quitaste de tu mente el pensamiento que no era cierto, lo bien que te sentiste?.
Ahora, lo único que tienes que hacer para experimentar toda la paz, toda la serenidad, toda la sabiduría, toda la comprensión, toda la alegría y toda la felicidad que se encuentra dentro de ti, es decidir dar estas cosas – ser la fuente de estas cosas para los demás.

Da vida a la vida
En un lejano paraje de sol y de paz, se hallaba un escritor de nombre Ahman que vivía junto a un pequeño poblado de pescadores. Su vida era tranquila y de todos era conocido que gozaba del respeto y la estima de las personas que lo conocían.
Ahman, amante de los silencios y de la contemplación de la naturaleza, todas las mañanas solía caminar al alba por la orilla del mar, observando el disco solar que pleno de vida y fuerza le enviaba las más bellas inspiraciones.
Sucedió que un día, aparentemente como todos, encontrándose paseando por aquella desierta playa, de pronto, divisó a una joven que, por sus movimientos, parecía estar bailando sobre la orilla. Poco a poco, conforme se fue acercando, comprobó que se trataba de una hermosa muchacha que recogía las estrellas de mar que hallaba en la arena y, las devolvía al Océano con gracia y ligereza.
“¿Por qué hace eso?” Preguntó el escritor un tanto intrigado.
“¿No se da usted cuenta?” Replicó la joven. “Con este sol de verano, si las estrellas se quedan aquí en la playa, se secarán y morirán.”
El escritor no pudiendo reprimir una sonrisa, contestó: “Joven, existen miles de kilómetros de costa y centenares de miles de estrellas de mar…
¿Qué consigue con eso? Usted sólo devuelve unas pocas al océano”
La joven tomando otra estrella en su mano y mirándola fijamente, dijo: “Tal vez, pero para ésta ya he conseguido algo…” y la lanzó al mar. Al instante le dedicó una amplia sonrisa y siguió su camino.
Aquella noche, el escritor no pudo dormir… Finalmente cuando llegó el alba, salió de su casa, buscó a la joven a lo largo de aquella playa dorada, se reunió con ella y, sin decir palabra, comenzó a recoger estrellas y devolverlas al mar.
Reflexiona por un momento. A menudo, en situaciones parecidas a la de la muchacha del cuento, lo que estamos realizando es un ritual que ayuda a nuestra mente a remediar alguna carencia. Son momentos, en los que estamos queriendo dar a una parte de nosotros, tal vez inconsciente, otra oportunidad de vivir un nuevo ciclo con todas las posibilidades que sentimos perdidos. ¿Quién no ha encarnado alguna vez el papel de ser un salvador?
Nunca si es posible, te acuestes por la noche sin dejar de decirte: “Hoy he contribuido a que un ser humano, al menos, sea un poco más sabio y viva un poco mejor”. Así sea que puedas ayudar a una sola vida en el océano de la existencia, no dudes en hacerlo, tu espíritu lo comprenderá. Ese bien que hiciste y que te pareció poco, es importante para el universo, para esa vida que has ayudado.



escrito el 7 de Abril de 2013 por en General

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